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Además siguiendo el río Corno de pasaje hacia el sur y objeto de contienda entre Suevos, Aragoneses y Angioinos también el Colle Sant'Agostino (v.foto) fue recinto amurallado con siete puertas cuyos restos son aún visibles. Al final del siglo XII buena parte de los municipios montanos resultaban ya organizados; Los castillos se transformaron el las actuales fracciones, mientras Cascia a diferencia de otros municipios que podían jactarse de una continuidad histórica del "municipium romanum" a la sede obispal, fue sobre todo, un municipio de tipo rural destinado a consolidad el propio territorio durante las luchas entre Federico I y II extendiendo su jurisdicción sobre los castillos. Después de la oligarquía de Abrunamonte y de sus hijos, nobles condes de Chiavano, la organización política y administrativa pasó a las manos de la burguesía franqueando de los abusos impuestas por los nobles. Desde los orígenes este municipio de dotó de Estatutos (1387), documentos administrativos que fijaban bajo carta las antiguas costumbres transmitidar verbalmente de la Lex Longobardorum e inspiradas en el antiguo Derecho Romano. Puestas al dia continuamente de las así dichas Riformanze y aprobadas de Bonifacio IX en el 1390, tales documentos recogen un siglo de disposiciones transmitidas a voz en el naciente Municipio y de decisiones tomadas en los primeros consejos tenidos al aire bajo los pórticos. No obstante su aislamiento geográfico Cascia no fue inmune de las sucesivas luchas entre Guelfos y Ghibelinos, formándose de la parte de estos últimos. El este periodo la historia de este Municipio fue muy turbulenta, el toque de queda era permanente y las represalias contra los Municipios vecinos eran a la orden del día. El largo periodo que del S. XV al XVIII fue seguramente el más rico y fecundo como testimonian las iglesias y los numerosos palacios señoriles, fue tambièn caracterizado de calamidades naturales y rebeliones, alternados a momentáneos periodos de paz luego que Cascia, ya perteneciente a la Iglesia, sufre el eco de los cambios y de las luchas que sucedían al otro lado, sobre todo de Roma y en los estados cercanos. La demolición de la Fortaleza de Cascia por orden del Papa León X en el 1517 la rebelión de la Valnerina a los Orsini, la venganza de los Colonna (1519-1530), el Sacco de Roma (1527) y de sus repercusiones sobre Cascia como la pérdida de los castillos, la paz con la Sede Apostólica (1530), el fín de la República Libre (segunda mitad del siglo XVI), la paz con Cerreto (1572), el reestablecimiento del Gobernador (1587), el desastroso terremoto del 1599 y aquello de 1703, son los acontecimientos principales de este arco de historia terminante con la dominación francesa (1798-1815) seguido de la Revolución del 1789. La agregación de Umbria y Marche a la República Cisalpina con il Tratado de Tolentino (1797), sanciona definitivamente la caida de la invulnerabilidad moral y política del Estado de la Iglesia; las nuevas leyes imponen la desintegración de las órdenes religiosas, la deportación de sacerdotes, la suspensión de algunas festividades, la presencia de bandoleros que continuaron a operar por años en los bosques de Valnerina. El Compartimento del Clitunno sustiyó el antiguo Ducado de Spoleto, mientras el pasaje continuo de tropas y de desbandados acabó por empobrecer los campos de la zona. Después de la Restauración, se organizó el territorio en base los nuevos Municipios dotados cada uno de un Alcalde. En el 1809 el Ayuntamiento de Cascia fue desmembrado y los centros de Usigni, Mucciafora, Roccatamburo constituyeron el nuevo Ayuntamiento de Poggiodomo. En compensación fue agregado a Cascia Castel Santa Maria, geográficamente pueblo nursino, mientras en el 1583 también Trimezzo fue separado de Cascia y agregado al ayuntamiento de Cittareale. Durante los sucesos de Resurgimiento de los cuales Cascia conserva el recuerdo del pasaje de Giuseppe Garibaldi (1857), los umbros y los cascianos mismos no costituyeron parte activa en las luchas por la Unidad de Italia limitándose a esperar pacientemente la evolución de los acontecimiemtos sin ocultar un difundido descontento especialmente en las campañas por la ocupación extranjera y la supresión de las órdenes religiosas, descontento y resignación fatalística que perduró al menos hasta la anexión de Umbria al Reino Unido de Italia (1860), acogida con gran entusiasmo de toda la población. |